Los
antiguos veían en el héroe histórico o mítico, en Alejandro o en
Aquiles, el módulo de la vida humana. El gran hombre era
paradigmático, su existencia ejemplar.
El
patrón demócrata, al contrario, es el hombre vulgar.
El
modelo democrático debe carecer de todo atributo admirable.
(T. I, p. 237)